Plandemia

Alguien manipuló el virus, alguien jugó científicamente y modificó las cosas, alguien puso unas malditas proteínas y lo hizo mutar. Fue secuestrado, cayó en malas malos, lo soltaron a las calles para probar su valía. Este virus nunca ha sido una enfermedad, este virus en un arma biológica, la última generación en el negocio de la guerra y la supresión social.
En estos momentos se desatan batallas en puertos del mundo por insumos médicos y ventiladores mecánicos, por mascarillas y alcohol, por cloro, ataúdes y bolsas de plástico. Gobiernos contratando piratas y mercenarios, requisando productos –verdaderas mexicanas- y cerrando sus fronteras. Qué libre comercio, por favor, qué cooperación internacional. Sálvese quién pueda. Esclavícese quién pueda. Escapen en autos, helicópteros, avionetas, a pie por las noches huyendo de la policía.
La economía en profunda recesión, miles de personas muriendo todos los días, los que sobreviven están encerrados. Nunca lo hubiese creído, nunca lo hubiese imaginado. Nada vuelve a la normalidad sin una cura, sin una vacuna. ¿Y qué normalidad? ¿Qué vacuna? ¿Quién suministrará? Nada será normal después de esto, asumiendo que hay un después. Cuerpos apilados en tumbas masivas, ataúdes de cartón en plazas, parques e islas cercanas. Guerra mundial. El desastre de la sociedad en plena crisis ambiental.