Aprendizaje tardío


Ahora mismo solo pienso en el sexo como energía y fundamento. Creo entender, recién, de qué trata esto: no solo en actos puntuales, sino como una guía para el cuerpo y, de paso, para el alma y el cerebro.

Busco amar por largo rato, con intensidad y plena confianza. Disfrutar cada instante, cada fragmento de piel. Quiero sentir la corriente eléctrica por dentro. Detener el tiempo. Jugar a ser trascendental.

Ahora quiero entrenar, trabajar, seguir estudiando y tener el mejor sexo posible. Lo escribo como presente y disfrute, como un hito de existencia real, como una vida que gira —íntima y total— igual que el mundo entero.

Siempre fue la clave: el sexo, pilar silencioso de la sociedad. El control del calor y el deseo. De los fluidos internos, la entrega y los sentimientos. Un determinante espiritual que construye fuerza y poder.

Debí saberlo en la adolescencia del destierro, bajo la mirada de grandes padres, madres y maestros. En los días de crecimiento y transformación hormonal. Ahora recupero espacio, brillo y tiempo.