Rescate


Hoy aparecieron ellos, mis padres. De la nada.

Mi mamá me escribió y me dio un consejo de salud. Mi papá me llamó y me hizo reír con una anécdota de un terremoto.

Luego de ataques, azotes y células malignas, un par de voces brillantes me transportan de nuevo a una mañana luminosa.

Solo no estoy, para nada. Aún los tengo: los escucho, siguen siendo ellos, los mismos. Es evidente, en presente: se me quitó el dolor de espalda.

No engañarse a uno mismo sigue siendo la mejor de las voluntades. En el fondo, más allá de la independencia y la autonomía, siempre he sido de ellos dos. De ambos. De nadie más. Suena bien. Nada mal.

No me sentía hijo desde los doce años, más o menos. Desde la última vez que estuvimos juntos. Después tocó crecer. Es una sensación extraña: vulnera, pero da poder.

En desarrollo. La vida, en desarrollo.