El entrenamiento


Eros.
O un sonido.
Pulso, vibración.

La voz.
Propósito.
Sentido.
Deseo y poder.
Amor en estado bruto.
Supervivencia como eslabón.

Miedos que, al soltarse, expanden el sonido.
Sombras
oscuras como cavernas.
Alimentos de la prisión,
sustento de silenciosos gritos.
Detonantes. Florecimiento
de una integración que avergüenza, aunque sana,
que ilumina, calma y protege,
potencia y hace crecer.

Saber transforma, dicen.
No hacerlo, también.
¿Qué es más costoso:
instruirse o ignorar,
practicar o perecer?

Desde el inicio y sin conciencia,
emerge un camino, no un destino.
Más bien, su construcción.
Una tensión despierta
que arde bajo la piel
y dentro de la cabeza.

El fuego habita en las cenizas.
Brasas aún no extintas.
Hervor de sueños y experiencias,
de todo aquello que conduce al presente
y confirma la valentía.

La búsqueda.
El entrenamiento.