Su presencia


¿Cómo explicarlo? Es mejor, creo, describirlo.

Tiene gran impacto. Es una persona maravillosa de esta ciudad.

Su goce, su sensualidad. Un aura generosa de luz. La profundidad de su mirada. Su concentración. Una estética que se extiende por los espacios. Está, y todo mejora. El ambiente se nutre, florece.

Posee una rara forma de perfección. Como la vida y la naturaleza. También lo es su presente. La energía fluida que la protege. Aquello que, pese a la distancia, ejerce una enorme atracción.

El deseo se manifiesta, es inevitable. Sin embargo, explora algo más. Lo hermoso importa. El esfuerzo y la dedicación, también. Qué decir de la perseverancia. No solo se trata de sus labios o de su piel, sino de sus sueños, sus proyectos. De los ideales que persigue.

Con ella, emerge la elegancia, un equilibrado egoísmo. Reivindica la virtud de crecer y aprender. Es especial, particular, diferente. Parece saber lo que quiere y, con seguridad, lo que no. Asumo que es ambiciosa, disciplinada, profesional. Una mujer estupenda. Orientada a estar bien, a la felicidad. A ser valiente y vivir en armonía. 

Su belleza alcanza la distinción. Todo parece desbordarse, excepto ella, cuando decide tomarse la vida en serio. Imagino que, en sus procesos, no todo es fácil ni idílico (¿acaso lo es para alguien?). Eso la vuelve aún más cautivante. Su propósito. Su forma de hablar, de expresarse. Las ganas de no errar y, mucho menos, de perder el tiempo. 

Construirse ya es una hazaña; hacerlo y, además, brillar, lo es aún más. La atención que despierta no es casual. Lo genuino termina por imponerse. Su estilo, su biografía. Como en el arte, conmueve lo real, lo verdadero. No solo el valor de verse bien, sino el de ser alguien de bien. Una persona que, al moverse, despliega fuego, colores y alegrías.