En el océano.
Entre las olas.
Jugando a ser real.
Abrazando las sombras.
Hundido de golpe sobre rocas.
Sin aire ni orientación.
Al fondo del mar.
Dónde caerá esta vez.
Desciende.
No recuerda el viento, tampoco el amanecer.
Sí un tronco de gran raíz.
Abandonado, ajeno.
Estoico, sobre las dunas.
El tiempo no pasa.
O no existe.
Dibuja una lenta existencia.
Burbuja de movimientos no percibidos.
Falsos respiros.
Aliento que frena y gira antes del borde.
Se relaja, muere un segundo.
Vuelve a despertar de golpe.
Abre los ojos.
Asume que sueña, que flota en el espacio.
Que está.
Dónde caerá esta vez.
Acaso en la playa, rodeado de algas y sirenas.
Acaso en un hogar.
Una casa con gato y jardín.
Dónde, entonces.
Dónde se azota un corazón esquivo.
Un latido empapado y tranquilo.
Entregado al movimiento de las aguas.
Sonriendo a la profundidad.