Balada asquerosa


¿De vida o muerte? No sé. No creo. Tal vez.
No sangraba, pero sí brotaban otras cosas.
Oscuras y hediondas. Líquidas, gaseosas, pastosas.
Por la boca y por el ano. Por los ojos, los oídos y la piel.

Desde arriba, caía agua fría.
Las piernas temblaban. No podía erguirme.
La mucosidad atragantaba la boca.
Sobrevivir sin sentido. Esa absurda y temeraria idea de aguantar.

¿Recuerdos? No. Solo imágenes, sabores y olores. Los peores.
Un espacio de inmunda realidad. Decadencia, muerte, miseria.
Al borde de cerrar los ojos, de caer libre sobre el mar.
Esperanza antiestética. Persistencia que proviene de la basura.

De brujas, demonios y sombras. De malas conductas. De decisiones erradas.
Ahí, descalzo sobre hongos y mugre. En un cuarto de baño lúgubre.
Desnudo. Dejando salir males y trampas.
Llevando al límite la fortaleza. Limpiando la vida de vergonzosa manera.

Secundado por roles que cuidan, que se mueven con amor o con maldad.
O con indiferencia.
Despedida séptica. Formas infecciosas de respirar.
Cárcel, hospital o clínica. Pudo ser cualquiera.

Se trata de un reflejo, de una muestra.
De estructuras que nos superan. De lo mismo que nos enferma.